A 15 años y otros más: el México que queremos y aún podemos

A 15 años del fallecimiento de Luis Donaldo Colosio no dedico las líneas para expresar los sentimientos que, basados en los lazos familiares, me llevarían a hablar de la nostalgia de un momento que fue en un lugar que ya no existe.

Hoy expreso mi voz como mexicano que en pleno uso de sus derechos y libertades, insta a proponer y cumplir las ideas y acciones para el México de los justos reclamos,  el México dolido por la creciente inseguridad social e instabilidad económica,  el del hartazgo por la ineficiencia política de quienes ejercen el poder público y de la complicidad de grupos que se coluden en el qué hacer político para garantizar leyes y dictámenes que les protejan;
el México de la sorprendente indiferencia social pero igual inmenso de impotencia por intentos fallidos para cambiarlo y del México ansioso de triunfos sinceros.

Hoy expreso mi voz ante lo mezquino e indiferente de nuestro sistema político que no ha podido internalizar el sentir de las ideas y propuestas de cientos de mexicanos que lucharon y de los que siguen luchando por convertir a tal sistema en uno eficiente y pragmático, que luchan para ofrecer al país un rumbo y dirección.

A 15 años y otros más: el México que queremos y aún podemos resume una posición y entendimiento de nuestro país basado en la discusión y en el análisis de la estructura política y social que engloba el qué hacer de los mexicanos.

No tomo crédito total de las ideas expuestas, tampoco expresan estas líneas un análisis en términos absolutos y no pretende generalizar situaciones. Son, en sí, un comienzo al llamado para la acción.

Nuestro México ha cambiado y sigue transformándose. Sería inútil argumentar que México está estancado en todos sus aspectos. Al pasar del tiempo, tenemos un México más participativo, más abierto. Hemos construido un gobierno más incluyente y un México más libre. Al pasar de los años celebramos en México mayores libertades y garantías individuales que permiten la crítica, el debate y en cierto grado la rendición de cuentas.

Tenemos un México con mayor participación. Existen cada vez más mexicanos que en sus trincheras están convencidos que la comunidad es la base de la transformación social y que más allá del bienestar individual, está de por medio la convivencia en armonía y el respeto al derecho ajeno para garantizarla.

Existen cientos de mexicanos que han tomado en sus acciones la bandera, sin ideales profanos, del compromiso individual con el todo. Dentro y fuera del país existen mexicanos convencidos que la suma de voluntades y el reconocimiento
de nuestra diversidad provee la fuerza para construir nuestro presente y edificar un futuro más cierto. Los felicito por que la voluntad que los mueve es más persistente que el hartazgo que los sofoca.

Sin embargo, nuestro México no representa aún lo que queremos. Más allá de lo que hemos logrado, la realidad dista de lo que buscamos y sentimos que podemos.

Queremos un México fuerte, un México competitivo, justo y equitativo.
Queremos un México con paz social, un México que sin importar tus raíces te ofrezca las oportunidades para la realización personal y profesional.
Queremos un México honesto, un México que reconoce sus realidades y responde a la altura.
Queremos un México con promesas sólidas.
Queremos un México en el que nadie se quede al margen de la ley.

Si esto queremos, ¿por qué no lo tenemos?

Las ineficiencias del México que tenemos no sólo son políticas y económicas, también son sociales.  Y para obtener el México que queremos no basta lograr la transición política y confiar en los términos de un modelo económico ya establecido: para lograr el México que queremos, requerimos también de una profunda transformación social.

No sólo son las ineficiencias crítica y reflexión con respecto al qué hacer político y de los efectos negativos del modelo económico en el que trabajamos. El sistema que tenemos refleja también lo que como mexicanos somos;
no sólo nuestra rica cultura artística y artesanal, la cultura del folklore, tradiciones y costumbres y tonos de colores; el sistema que tenemo refleja nuestra cultura social, la de la organización social, la de nuestro sentido de comunidad, pertencia a un grupo, a una sociedad, a un país.

No vamos a poder avanzar a crear un México socialmente distinto si no estamos dispuestos a cumplir nuestras obligaciones cívicas y a comprometernos socialmente con el desarrollo y respeto de nuestros pueblos. Vivimos en un México con un alto grado de indiferencia y con profundas diferencias de clases.
Este aspecto sigue creando una brecha enorme de quienes pueden y no influenciar el entorno que les rodea, de quienes pueden y no influenciar las políticas que les afectan.

Si queremos un México distinto al que tenemos, debemos acortar esa brecha. Es obligatorio.  Mientras no lo hagamos, no habrá diálogo en este tema y México no logrará avanzar. No podremos tener un gobierno eficiente y un sistema social justo y equitativo sin tomar en cuenta que como sociedad también tenemos que exigirnos una transformación y actuar en la realidad.

Cientos de mexicanos lo han reconocido y están trabajando, de alguna manera, en este tema. Sin embargo, como un todo, no nos hemos atrevido a hablar de esta realidad y enfrentarla, no nos hemos atrevido hablar de esa parte cruda de la cultura mexicana y desenmascararnos y dejarnos al desnudo; no somos nada si no somos uno y ese uno es la suma de las partes reconociendo que siendo tan diferentes formamos parte de una sola materia.

Por eso, si en México estamos hartos de una clase política mezquina y mediocre, si en México estamos hartos de la corrupción y complicidad de las cúpulas empresariales, que cierran filas, que evaden el fisco y que no invierten en capital humano; si en México estamos hartos del sistema político y económico que tenemos; si estamos hartos de la ineficiencia educativa y baja productividad; si en México estamos hartos de la impotencia por no ser escuchados por quienes deberían hacerlo; si en México no dejamos de ser indiferentes, entonces nos quedan dos opciones: o nos adaptamos o nos transformamos.

Si decidimos adaptarnos, entonces quizá la transformación será menos dolorosa, viviremos y seguiremos siendo parte de un sistema que se define solo, que refleja, como espejo, lo que no podemos.

Pero si decidimos transformarlo, no será la tarea de una persona, de un grupo, sino de una generación o varias generaciones convencidas que el México que tenemos no es el que queremos; podemos un México distinto y con persistencia podemos obtenerlo.

El triunfo que los mexicanos desean vendrá de estas generaciones, no provendrá de nadie más; el triunfo que anhelamos vendrá de las generaciones que vivan con la conciencia de que la transformación no será fácil ni se logrará en el corto plazo pero convencida de que es al hora, de que llegó el momento en el que el curso del país tenga como centro el reconocimiento de nuestras diferencias y la suma de las voluntades; el triunfo será de las generaciones cuya base sea el compromiso social con sus comunidades.

Las propuestas y caminos para lograr el triunfo esperado y el México que queremos podría contar con al menos tres características: (1) profunda consciencia social, (2) enfoque nacional y patriota y (3) extensa organización comunitaria.

A 15 años o más, aún tenemos la opción de morirnos en la hambruna de justicia, de paz y estabilidad social y económica, tenemos la opción de morir en la hambruna por la impunidad y carencia de sentido demócrata y nacionalista de quienes ejercen la voluntad política de nuestra sociedad; o tenemos la opción de transformar nuestra manera de vernos a nosotros mismos y avanzar también pensando en las generaciones venideras.

México necesita con urgencia una visión progresista, pragmática y con estrategias eficientes. Un plan de país basado en el consenso. Ya no podemos seguir siendo “presos de la clase política” que sólo dicta, en su conveniencia, lo que es mejor para el pueblo de México.

Las propuestas de país que buscamos no tratan con el rompimiento con el Estado, sino de extenderle la mano. Trabajar en conjunto. Sumando. Gobierno y sociedad. Las propuestas llaman a la transformación social.

¿Cómo lo logramos? ¿qué medios tenemos para cambiar al país? ¿cómo desarrollamos una propuesta realista basada en el debate y en el consenso?
¿una propuesta lógica y con sentido nacionalista?

Muchas mexicanas y mexicanos se han lanzado a la crítica abierta al sistema y de los propios mexicanos,  se han lanzado a la crítica de quienes gobiernan y controlan el destino del país.  Pese a ser un gran comienzo, no es suficiente.
Necesitamos encontrar los mecanismos para que nuevas estrategias cambien la manera en que se hacen las cosas.

Es necesario discutir y crear el consenso para que de ahí emanen las estrategias. No podemos diseñar caminos sin tener rumbo. Qué dirección vamos a poner al país es la primera cuestión, de ahí surgirán las acciones.

Por ello, las acciones y mecanismos que se creen de la discusión y del consenso tienen que ir enfocados, en parte, a transformar la manera en que la participación ciudadana influye en el proceso de creación de políticas públicas.

Mientras tanto, es frustrante ver que lo que se discute en la mesa de nuestras casas, en el lugar de trabajo, con colegas, con compañeros, etc., no se pueda ver reflejado en el qué hacer de quienes conducen el país.

El mecanismo actual provoca impotencia. ¿Qué medios existen, además de la protesta y movilización social, para hacer que nuestra voz se escuche, y mejor aún, se transfiera en propuestas de políticas? En realidad muy pocos.

El sistema actual es uno en el que quien busca ejercer el poder político a través de la representación popular se acerca a las bases, consigue los votos y procede a crear políticas. Pero este sistema excluye por mucho a la organización comunitaria, su intención para el diálogo y sus propuestas de qué hacer político.

La transformación del México que queremos y del proceso de hacer políticas debe incluir la inclusión de la organización comunitaria en el proceso continuo de sus formulaciones, para su monitoreo y evaluación. Quién mejor que las mismas comunidades para proponer cuáles son sus prioridades, sus fortalezas, sus debilidades.  Quién mejor que las comunidades para ejercer las mismas políticas que les influyen.

Algunos preguntan ¿quién debe de tomar el liderazgo para este debate? ¿la clase empresarial? ¿ la sociedad civil? ¿los partidos politicos? Existen en México cientos de académicos, profesionistas, empresarios y trabajadores de todos los sectores con una idea clara de lo que México necesita. Existen cada vez más centros de estudios y periodistas que podrían comenzar la organización de este debate nacional. Se debe proponer un debate honesto pero que no provenga necesariamente de la iniciativa gubernamental ni de la clase empresarial que tradicionalmente lo representa. México es mucho más que eso.
Deberá ser un debate que provenga de las bases, de los mismos mexicanos que estan en la trinchera del ya merito, del esfuerzo cotidiano de hoy sí y mañana también.

Este debate por el México que queremos tienen muchas aristas por dónde comenzar. Los talentos están dentro y fuera de México, son reales, existen.
 La organización comunitaria, expresada en centros comunitarios, en gremios, en partidos, en grupos empresariales, etc., es la que propondrá en debates sus prioridades, es la que participará en la implementación de programas, en las auditorias, en la rendición de cuentas, en la retroalimentación. La organización comunitaria propondrá, la clase política escuchará, ambos trabajarán.

México requiere también de una política social integral, no sólo enfocada al desarrollo de los que menos tienen, los desfavorecidos del sistema y es relevante porque permite que no caigan más allá en el despojo de oportunidades. Pero México necesita también de una política social de la cultura de México, del fortalecimiento de nuestras diversidades, una política
que promueva la integración social y la promoción del conocimiento de nuestra cultura entre nosotros mismos.

En México necesitamos educarnos de lo que somos y no somos. Bien podrían crearse o expandirse cuerpos de paz nacionales, que como organización promuevan el intercambio cultural de los mismos mexicanos y creen sensibilidad social y cívica a través del conocimiento de las comunidades tan diversas para entender las realidades de nuestros pueblos. Esto tendría dos objetivos: promoción de programas alternativos de desarrollo con recursos propios de la comunidad, lograr el sentido de pertenencia/propiedad de los programas y segundo impulsar la organización comunitaria/establecimiento de centros comunitarios para el diálogo, etc.

En México necesitamos del sector empresarial, del pequeño y mediano empresario, el que genera empleo, el que está en la trinchera del esfuerzo, proponiendo, buscando maneras para asegurar el éxito. Necesitamos de este sector, fortalecido, en cámaras o gremios a través de los cuáles puedan desarrollar políticas y medios de acción.

Neceistamos un sector empresarial ético, comprometido con la gobernabilidad y en contra de la corrupción. Un sector empresarial que tenga capacidad de propuestas y generen comités de vigilancia para asegurar que las políticas funcionen para el fortalecimiento del sector, para elevar la productividad y la competitividad regional y global.

En México necesitamos concordancia de políticas. Por ejemplo, que la educación sea liberada del rezago en el que su mismo liderazgo sindical la tiene sometida. Una educación progresista que vaya de la mano con la política económica para desarrollar el capital humano necesario para competir regional y globalmente.

En México necesitamos un sistema de justicia eficiente. Que nadie se quede en el márgen de la ley. En México necesitamos de la rendición de cuentas, de gobernabilidad, de fortaleza en las capacidades y de un sistema que incluya la característica de que quienes sean elegidos sean realmente responsables ante la población que representan y no a los intereses de las banderas que representan.

A 15 años y más, el México que tenemos sigue siendo el mismo México de los justos reclamos, del olvido de las comunidades, de la impunidad, de la impotencia, de la arrogancia e ineficiencia de las oficinas de gobierno; nuestro México sigue siendo el del oportunismo y corrupción, el de la indiferencia.

El México que tenemos, es por mucho, el México que no queremos.

El Estado que tenemos – al menos el que queremos – se rige por las reglas de la democracia, la suma de voluntades, el diálogo. El llamado que México nos exige hoy es para la creación de un Estado funcional, pragmático y eficiente.

Es la hora de debatir.
Es la hora de crear la visión de país que queremos.
Es la hora de crear consensos.
Es la hora de la inclusión social.
Es la hora de integrar una propuesta sólida que reconozca la situación real del país y proponga las tesis y los lineamientos de qué nos llevará a lograr lo que queremos y podemos.

Queremos un modelo, repito, funcional, el modelo de un México autónomo, libre y soberano. Un sistema mexicano que sume las voluntades y cuyo sistema político y económico responda con sentido común a las necesidades de los pueblos y regiones del país.

Una propuesta basada en el diálogo y debates representativos; una propuesta que dicte hacia dónde queremos llevar a nuestro país en los temas sociales, de educación, salud, de competitividad, en economía, en política exterior, en estabilidad social y política.

Es la hora de generar una propuesta real que represente las voluntades, que reconozca las diversidades, una propuesta real y sencilla con sentido común. Una propuesta que ofrezca rumbo y dirección.

Si es cierto que queremos un México demócrata, tendremos que actuar a la altura de sus exigencias y de la responsabilidad que el mismo sistema nos convoca. No podemos dejar que funcione solo y que sea dirigido, como hasta ahora, por unos pocos. Esto es causa, entre otras, de nuestros males.

De manera contraria, podríamos regresar a esquemas o sistemas que ya fueron probados y mostraron no haber sido la opción. Pero, si así lo quisieran los mexicanos, que así sea y entonces nos adaptaremos. Cada país elige su propio camino y como tal debiéremos aceptarlo.

Pero si este no es el caso, entonces no esperemos a que suceda de otro modo. Esta en nuestras manos. Tenemos que hacerlo y esta es la hora.

  1. Dicen que la historia la escriben los que la ganan, pero yo considero que la verdadera enseñanza es conocer la version del derrotado. Este articulo refleja muchos sentimientos, historia y porque no quejas. Lo mismo hubiera escrito yo, hace 15 años. A la vuelta del tiempo me di cuenta que perder a mi candidato Colosio quiza revoluciono mas a Mexico y al partido que ni en las mas recontracalcitrantes sesiones de politica del Estado que en CUADROS nos hubieramos chutado. Al otro dia de su muerte (Colosio), en mi clase de 7 a.m., el presidente del PRI de Qro. dijo: “Legalmente mis queridos colegas, digan que es un Magnicidio?” agrego: “No hay pruebas! el Magnicidio no existe! por lo tanto se trata de un simple y llano homicidio”. Imaginate que esta persona era amigo, al parecer, de Colosio. Obvio actuaba apanicado por la situacion. Fue interesante escuchar a todos los politicos queretanos del momento como Mariano Palacios, Enrique Burgos, Fernando Ortiz hablar del “inexistente magnicidio” en esas epocas, con su “ganada” arrogancia, sin imaginar o quiza si, que seria el principio de la decadencia de nuestro partido. Ahora todos somos revoluconarios, dijo otro lider, cuando regresabamos de la toma de protesta de MPA como presidente del PRI en el D.F., otros de ellos rescataron otros partidos afines (PARM) y otros volvieron a sus epocas de candidatos recien egresados de la UAQ, tan criticos y revolucionarios como el autor de esta nota. Obvio que Mexico ha cambiado, tristemente la fractura social que se vive en Mexico ha rebasado las rebatingas de poder entre los partidos politicos. El gobierno, a estas altura no creo que atienda razones o plataformas politicas, atiende prioridades rebazadas por el desatencion de 15 años!.

    Me gusta

  2. Omar y Laura sus líneas llenan las venas de motivación, provocaron en mi pensamiento ganas de salir y demostrar a la sociedad de que el principio por corregir nuestro país esta en nuestras manos.

    Me considero un salinista de hueso colorado y después de varios años no me arrepiento de escribir esto. Probablemente en aquellos años me empezaba a dar cuenta de la vida y me deslumbre por un sistema político que abrió nuestras fronteras y nos lanzó a la guerra comercial, la cual hoy en día desafortunadamente no hemos logrado entender.

    Después . . Colosio, aún cuando estudiaba en la universidad. Mi padre siempre me ha dicho que el “hubiera” no existe sin embargo desde entonces me pregunto ¿que hubiera pasado si Colosio llega a la presidencia?

    Con Zedillo aprendí que la teoría sirve de mucho y que paso a pasito y bien controlado, obtienes el logro común, no importando que el sistema cambie después de tantos años.

    Con Fox, a quien la historia creo que lo juzgará muy duro, creo que sólo debemos reconocerlo por grandes intenciones, desde el famoso “hoy, hoy, hoy”, que desafortunadamente como muchas cosas nunca pudo borrar los costumbres que tenemos arraigadas por ejemplo: “para mañana queda lista la chamba”.

    Las líneas que escribe Omar, hace tres años las vivimos en carne propia, cuando un porcentaje de mexicanos nos presentamos en las urnas para opinar entre seguir con un partido con el cual habíamos iniciado un cambio o definitivamente cambiar a otro esquema que para muchos nos causo dudas. Desde mi punto de vista se peleó en las urnas hasta el último voto y al final la mayoría opto por seguir con el partido del poder.

    Hoy en el Sr. Calderon encuentro un líder, a un hombre agerrido con las venas también llenas de motivación; sin embargo le encuentro una gran carencia que se llama “trabajo en equipo” ya que un sólo hombre no cambiará este México.

    Las líneas que nos expone Omar son muy ricas en contenido sin embargo no olvidemos que nuestra cultura no esta bien cimentada en el trabajo en equipo pero este debe ser uno de los principales pilares en el proyecto que todos buscamos para nuestro país.

    Después de quince años, … ¿como estaríamos ahora si Colosio hubiera llegado a la presidencia?

    Seguimos en comunicación

    Me gusta

  3. Hola

    soy un ciudadano que como usted ESTOY HARTO de todo lo que ha escrito, y quiero hacer algo por nuestro país, sin embargo, lo primero es la confianza, ¿porqué se refiere a Colosio?, es usted Priista? o solo es una referencia a un “posible líder” que hubiera podido hacer algo por el pais.
    Yo tengo algunas ideas de cómo lograr lo que usted propone, incluso me parece, que coincidimos en muchas cosa, excepto en una, la manera de lograrlo.
    Pero como le dije, lo primero es la confianza, no, no creo en revoluciones ni en sacrificios, ni en gastos inútiles de dinero o de tiempo.
    Si se interesa por escuchar mis ideas al respecto, ya tiene mi correo.

    saludos

    Me gusta

  4. Hola

    otra vez yo, vaya no leí con cuidado su mensaje, hasta despues de mandar mi mensaje me di cuenta que es una página priista y que usted es pariente de Colosio.
    Sin embargo, lo que me movió fué su manera de escribir y lo que dice, es el sentir de muchos mexicanos.
    Yo no pertenezco a ningún partido politico, pero soy mexicano, lamento que el sentir por nuestro país, se tenga que ver limitado por orientaciones partidistas.

    Me gusta

    • Hola Jesús, muchas gracias por tu comentario. Seguro Omar tendrá tiempo para contestarte después. Mientras, coincido en que la confiaza es un activo indispensable para construir un futuro político, económico y social que sea sólido y benéfico para la mayoría de los mexicanos. (De hecho, te recomiendo un libro de Francis Fukuyama que se titula “Trust,” http://www.amazon.com/Trust-Francis-Fukuyama/dp/0029109760 )

      Desafortunadamente la confianza ha sido malgastada por muchos años de promesas no cumplidas, aunadas al cinismo y corrupción de algunos o muchos de nuestros representantes en el gobierno. Pero también hay culpa en la apatía e indiferencia de nosotros los ciudadanos que no hemos aprendido a exigir una verdadera rendición de cuentas.

      ¿Qué faltaría para generar confianza de nuevo? Lo primero que pienso es en instituciones bien diseñadas, entendiendo instituciones como las reglas de juego bajo las cuales interactuamos. Si estas reglas de convivencia (muchas de ellas reflejadas en las leyes) son bien diseñadas y se aplican por parejo a todos (independientemente del estrato social o relaciones personales), habrá mayor certidumbre y confianza porque las instituciones estarán por encima de todos. Buenas instituciones, generan buenos incentivos. Sin embargo, las instituciones son forjadas por personas o grupos de personas que tiene intereses, los cuales a veces coinciden con el interés común y en otras ocasiones no. Y es aquí donde el factor humano hace la diferencia, pues la confianza sólo se recuperará cuando haya un liderazgo (colectivo o personal) que con compromiso, honestidad y amor por México persiga lo que es mejor para todos y no sólo para unos cuantos. Un liderazgo inteligente que esté dispuesto a tomar decisiones difíciles pero necesarias, aunque su popularidad esté en juego. Un liderazgo que desde hace tiempo no vemos, pero que tampoco nos damos cuenta que cada uno puede ejercer desde su lugar.

      Estás acciones que ahora menciono en general habrá que aplicarlas a casos y sectores específicos de nuestro país, como la educación, la economía, la generación de empleos, la competividad, las relaciones políticas, etc…

      En fin, hay mucho más que decir. Me gustaría conocer más sobre lo que piensas.

      Saludos

      PD Como creador del blog, sólo aclaro que la página no es priísta ni de ningún otro partido político. Quienes escriben y comentan en el blog se identificarán (o no) con algún partido en México, pero en ningún momento el contenido del blog busca apoyar o reflejar una orientación partidista.

      Me gusta

  5. Dice Alfredo que “hay culpa en la apatía e indiferencia de nosotros los ciudadanos que no hemos aprendido a exigir una verdadera rendición de cuentas.”

    Asumiendo que (1) los políticos son seres egoístas y racionales, con una “conciencia ética” (o propensidad a la corrupción) igual o similar al promedio del resto de la sociedad, y que (2) ellos son quienes fijan las reglas del juego (diseñan e implementan las instituciones), la probabilidad de que “mejore” el país por la llegada al poder de una camada de “políticos buenos” (con alta conciencia ética) es remota, sería un evento en la “cola” de la curva de distribución…

    Entonces lo que va a hacer la diferencia es cambiar los incentivos de los políticos usando la única arma que tenemos los ciudadanos: el voto. El político desea permanecer en el poder, pero en una democracia el ciudadano puede echarlo del poder. Los escándalos de corrupción, de ineficiencia e impunidad generan un costo político, pero éste es una función de la cobertura mediática y del interés de la sociedad. Tengo la sensación de que en México, tanto por la posición de los medios como por la sociedad misma, las “transas” de los políticos no conllevan el costo político que en otras sociedades. Para muchos políticos (y burócratas) sigue siendo racional optar por la corrupción (o hacerse gueyes frente a ella) porque los beneficios continúan superando los costos -entendidos éstos como el valor del “castigo esperado”, la probabilidad de que los “cachen” multiplicada por la suma de la severidad del castigo más el “costo de oportunidad” (el fin de una carrera política, por ejemplo).

    El mismo análisis de la “corrupción racional” se puede aplicar a otras áreas menos obvias, donde el ciudadano tiene la capacidad de cambiar los incentivos pero no siempre lo hace. El SNTE de Elba Esther extrae rentas de todos los mexicanos a cambio de una educación de ínfima calidad. Por qué? Porque pueden, porque les conviene. Los beneficios que obtienen de hacer las cosas de ese modo superan a los “costos”; a los mexicanos no les cae bien Elba Esther pero la mayoría cree que la educación pública en México es de “Excelente” o “Muy Alta” calidad (REFORMA, 12 de mayo 2008). Si a las familias mexicanas les “cayera el veinte” de la porquería de educación que reciben sus hijos, se generaría una gran demanda por educación privada “de bajo costo” que obligaría al SNTE a competir en la provisión de educación -y por lo tanto a dar mejores resultados. Claro, ello sólo es posible si los padres de familia tienen acceso a información. Pero ahora ya existe ENLACE que permite a cualquier persona con internet buscar información sobre la calidad educativa de cualquier escuela del país. Si todos tuvieran la INFORMACIÓN sobre la verdadera calidad educativa de cada escuela del país, se generarían incentivos para preparar mejor a los maestros, otorgar las plazas de acuerdo a mérito, etc.

    En fin, creo que aunque hay un componente “cultural” a la corrupción y el mal diseño de nuestras instituciones, en gran medida es un problema de incentivos: quienes están en el poder (de facto o de jure) juzgan que los beneficios de mantener el status quo rebasan los costos. La sociedad podría cambiar la ecuación aumentando los costos políticos y reputacionales, haciendo la corrupción y la ineficiencia menos rentable.

    No obstante, esta forma de pensar choca con una esperanza ancestral en una figura moralmente impecable que transformará al país en base a honradez y buena voluntad. Además, claro, de que muchos juzgan racional buscar acomodo en el sistema tal como está.

    Me gusta

  6. Un ejemplo de cómo en Inglaterra la acción de los medios, y la reacción de la sociedad ante un caso de corrupción muy “leve” (el esposo de la ministra del interior compró una película porno con cargo al erario, por 5 GBP) puede impulsar una reforma que reduce el márgen de discreción de los políticos:
    http://www.economist.com/world/britain/displaystory.cfm?story_id=13528627

    Vean donde dice “Such is the level of media furore and political sensitivity that Labour MPs may obediently vote Mr Brown’s scheme through next week.”

    Qué tanto está dispuesta la prensa mexicana a reportar los abusos y la corrupción de quienes manejan este país? Qué tan sensitivo son los mexicanos a los escándalos de corrupción? Ciudadanos, medios de comunicación, “watch-dogs” y NGOs tienen que monitorear permanentemente a los políticos y comunicar lo que encuentran al resto de la sociedad. Sólo así.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: