Elecciones intermedias: ¿qué está en juego y para quién?

elecciones intermediasDe vuelta, y justo a tiempo para empezar a bloguear acerca de las elecciones que se avecinan en México.  Las campañas ya empezaron y, como se ha hecho costumbre, los partidos políticos han salido dispuestos a darse hasta con la cubeta, con tal de asegurar una parte del ” botín federal” que está en disputa: 300 diputaciones de mayoría relativa, 200 de representación proporcional, y una dieta jugosa por tres años para los suertudotes que alcancen a morder “hueso”.

En el plano particular, cada partido tendrá sus retos. El partido en el gobierno federal buscará una mayoría que le permita sacar adelante una agenda legislativa sin depender de la oposición -o sea, a la antigüita.  En tanto, los partidos revolucionarios llegan con tendencias que apuntan en sentidos opuestos.  Uno buscará recuperar el terreno que perdió en el 2006, mientras el otro buscará perder lo menos de lo que ganó ese mismo año.  Por último, los partidos con menor representación buscarán mantener su registro y ganar las más curules posibles,  para tener así más peso y capacidad de negociación en el momento de crear mayorías absolutas o calificadas en San Lázaro-y por supuesto, para seguir viviendo del presupuesto.

En este entorno, el ciudadano será quien con su voto premie o castigue a los “suspirantes” a diputados.  Por ello, en las campañas escucharemos cómo los partidos y candidatos le dirán a los electores lo mucho que les importan y lo mucho que pueden hacer por ellos, si los recompensan con su voto.  Sin embargo, bien sabemos que ese coqueteo es pasajero, y que una vez instalados en el Congreso, poco importará a los diputados lo que necesite o piense el ciudadano de a pie.

No es que sea pesimista, pero bajo el actual sistema de incentivos e instituciones, ese resultado es más regla que excepción.  En el corto plazo, es cierto que los legisladores deberán su chamba al voto ciudadano, pero en largo plazo, le deberán su carrera a los líderes o grupos políticos que los han apoyado y que los apoyarán cuando necesiten buscar un nuevo puesto.

Ante esta situación, en las elecciones intermedias habrá más cosas en juego para los partidos que para los ciudadanos. Más que un ejercicio democrático, pudiéramos pensar en el proceso electoral como un “juego de las sillas” entre los miembros de la partidocracia mexicana.  Así lo perciben algunos, y planean demostrar su descontento de distintas formas.  Unos optarán por el tradicional abstencionismo, mientras otros participarán anulando su voto o mediante el voto en blanco -aunque carece de validez legal-, a modo enviar un mensaje de desaprobación con las alternativas presentes y el status quo.

Probablemente lo mejor de todo es que las campañas serán más cortas.  Sin embargo, esto no nos evitará  (i) gastar una fortuna en un ejercicio que poco o nada cambiará las políticas públicas en México, y (ii)  escuchar de viva voz de los partidos -a través de sus descalificaciones- lo que ya sabemos desde hace tiempo: que son corruptos, que no cumplen lo que dicen, y que han sido irresponsables para proponer y discutir propuestas que verdaderamente modernicen al país y generen bienestar para todos.

En fin, durante estos meses intentaré escribir varias entradas para hablar sobre el proceso electoral en general. Trataré de no entrar en detalles sobre los partidos políticos o candidatos que se presentan a la contienda, pues me parece que la discusión no va por ahí. En cambio, buscaré reflexionar con ustedes sobre temas de fondo como la funcionalidad ‘o disfuncionalidad- del sistema político, electoral y de partidos, y sobre qué pudiera hacerse para que las elecciones sean un mejor ejercicio de rendición de cuentas -y no un ejercicio vacío de propuestas serias para la modernización y desarrollo del país.

  1. Como dice Alfredo, la discusión relevante es por qué funciona como funciona el Congreso y la política en general. Los partidos políticos y el Congreso tienen niveles de aprobación muy bajos. La percepción general es que trabajan para su propio bienestar. Cuando uno revisa la arquitectura institucional, no es difícil entender por qué un sistema de este tipo produce resultados tan mediocres (para el país, no para los políticos). Algunas observaciones (sin orden de importancia):

    1) Los partidos políticos tienen un monopolio, sancionado por la ley, sobre todos los cargos de representación popular. Los ciudadanos pueden “elegir”, pero no pueden ser elegidos. Cualquiera que desee acceder al poder, debe hacerlo a través de un partido político y recibir el apoyo de las jerarquías partidistas. No sorprende entonces que los políticos deban lealtad primero a su partido o a los personajes que les dieron acceso al poder.

    2) No existe la reelección de representantes populares de ningún tipo. Por lo tanto, los legisladores no tienen incentivos para rendir cuentas a su distrito electoral. En muchos países, la rendición de cuentas de legisladores ocurre al momento que buscan la reelección pues intentan presentar sus resultados a su distrito electoral. Es decir, la iniciativa surge de los propios legisladores.

    3) Los diputados plurinominales no representan a nadie. Desconozco su razón de ser, aparte -claro- de trabajar para las jerarquías partidistas.

    4) El actual sistema resulta cómodo para los partidos. Ellos fijan las reglas del juego, y constituyen franquicias para la extracción de rentas económicas (más de 3 mil millones de pesos este año). Se ve difícil que la iniciativa de cambio estructural venga de ellos.

    5) La sociedad tampoco ha sabido generar los incentivos para que los políticos cambien las reglas del juego. El contraste entre México y el Reino Unido es ilustrativo: en el Reino Unido el escándalo de gastos (con cargo al erario) de los Miembros del Parlamento (MPs) fue facilitado por medios de comunicación (a través de todo el espectro ideológico) y despertó una reacción unánime de repudio de parte de la sociedad. El asedio y la presión sobre los legisladores (gracias a unos medios de comunicación en sintonía con la ciudadanía) fueron tales que inmediatamente rodaron cabezas (el Speaker del Parlamento) y muchos MPs comenzaron a publicar sus gastos en internet. En breve, hubo (i) monitoreo efectivo de los políticos por los medios de comunicación, (ii) reacción unánime de la sociedad, y (iii) respuesta obligada de la clase política, que ahora deberá recomponer su imagen a través de mayor transparencia. Los que abusaron el sistema de gastos pagarán con sus carreras políticas, y los demás políticos estarán conscientes de los “riesgos reputacionales” de su profesión.

    Pero en México, los medios tienen tanto alcance? Aparte de un par de diarios y revistas, qué medios monitorean de cerca a los políticos? De verdad son criticas las televisoras abiertas en Mexico? Y la sociedad, tiene energías para indignarse por los abusos de una clase política de la cual ya tiene muy mala impresión?

    En fin, creo que la arquitectura institucional de nuestra democracia es mala, pero la desidia de la sociedad y la actitud servil de gran parte de los medios de comunicación no ayudan mucho a inclinar los incentivos políticos a favor de la sociedad en vez de hacia los partidos políticos -los grandes ganones de la alternancia del 2000.

    Saludos,

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  2. Excelentes análisis tanto del autor como de quien postea su respuesta, yo recomiendo leer Ensayo sobre la lucidez de José Saramago, que en forma de novela habla sobre la anulación de los votos y sus consecuencias, y aunque es ficción creo que corresponde a una realidad por la que atraviesa la ciudadanía mexicana, narrado de forma furtiva pero amena. Saludos !!

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