Entre la escandalopolítica y la transa impune

México sigue siendo un lugar de crímenes sin castigos, de culpables identificados sin culpables sancionados, de políticos que se hacen ricos porque pueden.

Denise Dresser

Aunque la fiebre mundialista ha captado la mayoría de los reflectores durante las últimas semanas, hay sucesos que no pueden pasar desapercibidos en la vida nacional.  A la víspera del partido México vs. Francia, salió a la luz otro escándalo de corrupción, abuso de poder y mal uso de recursos públicos por parte de un político mexicano.  En esta ocasión los reflectores de la escena pública le cayeron con todo al actual gobernador del estado de Veracruz.

En lo que es la nueva secuela de audioescándalos, el gobernador jarocho fue exhibido a través de distintas conversaciones telefónicas difundidas por el periódico Excelsior y el dirigente del Partido Acción Nacional.  En las grabaciones, el también conocido como Tío Fide asegura “estar en la plenitud del pinche poder“, “tener el gobierno en la mano“,  “tener el recurso” para apoyar a candidatos locales, y además recomienda que “a la hora de ser candidato hay que darles a todos” los que piden lana o apoyos.  [Para los interesados, las grabaciones publicadas por Excelsior pueden escucharlas aquí, aquíaquí.]

Lo triste del asunto es que este no es el primero ni probablemente el último escándalo de corrupción y abuso de poder que se descrubre y divulga públicamente en México.  En la memoria del colectivo mexicano aún permanece la imagen del Sr. de la Ligas llenando su portafolio con fajos de dinero, la voz del Gober Precioso diciéndole a Kamel Nacif que en Puebla no hay impunidad, el Niño Verde preguntando cuántos millones le iban a tocar de un deal medio chueco, que según él ni entendía, o los millones del Pemexgate desviados a la campaña de Francisco Labastida.

A esos escándalos, que causaron sensación por la forma en que fueron difundidos, se les unen muchos más que también captaron la atención de medios y ciudadanos.  Entre ellos, encontramos el supuesto conflictos de interés de Mouriño al realizar contratos con PEMEX,  el enriquecimiento ilícito y los millones que depositó Arturo Montiel en las cuentas de sus hijos, el tráfico de influencias de Marta Sahagún y familia, la corrupción en PROCAMPO, y… muchos casos más, que pasan desapercibidos o permanecen ajenos al dominio público nacional.

Más allá de continuar enlistando estos sucesos que indignan y minan la confianza que los ciudadanos mexicanos tienen en sus gobernantes, es necesario apuntar que los escándalos pocas veces han sido parteaguas de la lucha contra la corrupción, el abuso de poder y la impunidad en México.  Por el contrario, muchos de estos casos son sepultados una vez que termina el vendabal mediático que los acompaña o se resuelven como parte de negociaciones políticas en donde al final se simula como que no pasó nada.  En otras ocasiones, los inculpados terminan siendo exonerados, y continuán impunemente beneficiándose del presupuesto público.

Además de la impunidad que caracteriza a la escandalopolítica, otro grave problema es que estos casos salen a la luz como herramienta de golpeteo político-electoral y no como parte de una investigación o auditoría seria sobre el uso de recursos públicos, en la que la ley se aplique sin distinción alguna.

En medio de todo este marullo, ¿qué puede hacerse?  En definitva, el tema de la “transa impune” en México es complicado y debe ser atacado por varios frentes.  Por el momento, pongo en la mesa dos temas para tratar con mayor detalle en otras entradas.

Uno de ellos, es la transparencia en el gasto público.  Saber cómo se gasta cada centavo proveniente del erario público no sólo ayudaría a identificar anomalías y malversación de fondos, sino también ayudaría a mejorar la planeación y la eficiencia del gasto.  El segundo tema involucra mejorar la transparencia del financiamiento de partidos políticos y campañas electorales. No es casualidad que varios de los escándalos mencionados estén relacionados con el mal uso de recursos durante algún proceso electoral.

Desafortunadamente, ninguno de los temas figura como elemento principal de las muchas propuestas de reforma política que se han venido barajando desde finales del año pasado.  Es claro que, a pesar de sus beneficios, su promoción implicaría que aquellos que hasta hoy se benefician de la impunidad se “disparen al pie”.

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