¿Llegaron los acuerdos o tan sólo estamos en la luna de miel?

pacto por mexicoDespués de las elecciones presidenciales tuve la intención de escribir sobre el nuevo arreglo político que arrojarían los resultados de los comicios y la influencia que tendrían en el logro de acuerdos políticos para aprobar reformas que modernizaran al país. Basta recordar que desde 1997, año en que se instauraron los gobiernos divididos, en México ha habido poco consenso sobre las llamadas “reformas estructurales“, como la fiscal, energética, laboral o sobre cambios profundos de política pública para combatir los monopolios en distintos sectores clave para la economía como el de las telecomunicaciones.

Casi sistemáticamente, durante estos últimos 15 años, la respuesta de la oposición había sido negarle al presidente en turno cualquier intento de hacer cambios estructurales que necesitaran la aprobación del congreso. En el mejor de los casos, se aprobaban reformas incompletas cuyo impacto era limitado en comparación a las exigencias del país.

Esta situación llegó a ser tan irónica que la reforma energética presentada en su momento por el ex presidente Zedillo fue bloqueada por el PAN, mientras una reforma muy similar presentada años después por el ex presidente Fox era bloqueada por el PRI. El tema resultaba ser que, en el contexto de un gobierno dividido, la oposición apostaba al fracaso del gobierno en turno, como estrategia para posicionarse mejor de cara a la siguiente elección. ¿Para qué aprobarle sus propuestas al presidente si el mayor beneficiario de las mismas ante la opinión pública sería el presidente mismo y su partido? Todo se veía como un  juego de suma cero, donde lo que ganaba uno, lo perdía el otro.

Los resultados de las elecciones federales de 2012 indicaban que poco o nada cambiaría. El nuevo presidente, aunque de un partido diferente, no tendría mayorías absolutas en el congreso, por lo que se vería obligado a la difícil tarea de crear coaliciones y buscar consensos con la oposición, para sacar adelante sus iniciativas de reforma. La pregunta obliga era ¿cuál sería la postura de la oposición ahora que el PRI regresaba a Los Pinos? ¿Seguiría siendo el PRD el partido del NO a todo? ¿Sería el PAN la oposición fiel y colaboradora que fue durante el sexenio de Salinas y primera mitad del gobierno de Zedillo? ¿O jugaría el mismo rol que jugó el PRI durante los gobierno de Fox y Calderón, reventando toda posibilidad de cambio que le otorgara triunfos al ejecutivo y su partido?

Al menos los últimos meses del gobierno de Felipe Calderón y los primeros días del nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto han mostrado signos positivos que desde hace tiempo no se veían. Por un lado, en el ocaso de la administración calderonista, con el apoyo del PRI y del PAN, se aprobó una reforma laboral que desde hace tiempo se le había negado al país. Posteriormente, ya con Peña Nieto como presidente, los tres principales partidos de México firmaron con el ejecutivo un “Pacto por México“, con el cual se comprometían a apoyar una agenda de varias reformas y acciones de gobierno consideradas como necesarias para el progreso y modernización del país. Por último, y como consecuencia del dichoso pacto, en los días pasados se envió al congreso una reforma en materia educativa, presentada y apoyada nuevamente por la principales fuerzas políticas de México.

Pareciera que después de mucho tiempo, los astros empiezan a alinearse en México. Algunos argumentan que es gracias al regreso del PRI y a que ellos sí saben cómo hacer las cosas. Otros dicen que se debe a la postura responsable de la oposición de pactar con el presidente para sacar adelante aquellas propuestas que le hacen bien a México. Para mí, la situación actual de consensos y aparente fraternidad es una combinación de algunos factores.

Por un lado, tenemos al PRI que después de 12 años fuera de la presidencia, regresa con toda la intención de demostrar que son la mejor opción de gobierno y que son capaces de realizar los cambios que requiere el país, aun cuando se hayan negado a algunos de ellos como oposición. Por otro lado, hay un segmento del PRD que quiere quitarse el estigma de ser el partido del NO a todo, y que quiere demostrar que también puede estar a la altura de las circunstancias. En lugar de tomar tribunas, este grupo dentro del PRD quiere dialogar y negociar. Por último, está un segmento del PAN que, después del descalabro electoral de 2012, ve como mejor opción la de jugar el papel de oposición responsable y que sin entregarse al 100%, está dispuesto a apoyar la agenda del gobierno en turno a cambio de algunas reformas de su interés, tal y como lo hizo en el pasado.

¿Quiere decir esto que por fin llegó la hora de los acuerdos? O, ¿estamos viviendo únicamente un periodo temporal de luna de miel?

A pesar del panorama alentador, hay que estar conscientes de varias cosas. Uno. Las propuestas incluidas en el Pacto por México son propuestas que por su naturaleza pocos se pudieran oponer a ellas. Dos. Existen grupos dentro del PAN y PRD que no están totalmente vendidos a la idea de hacerle la comparsa al PRI. En el PRD está el ala beligerante que protestó a su presidente de partido por haber firmado el Pacto por México. En el PAN, está el grupo que simpatiza con el ex presidente Calderón y que ha dicho que no tendrían por qué aprobarle todo a la administración priísta, sobre todo cuando ellos no lo hicieron durante los gobiernos panistas. Tres. Estamos ante una ventana de oportunidad muy pequeña en la que no hay elecciones locales en puerta que interfieran con la agenda legislativa y de gobierno del país. Cuatro, y probablemente el más importante. Habrá que esperar a que se discutan temas más controversiales como son la reforma fiscal y energética, en las que las posturas ideológicas de los partidos suelen polarizar el debate. Especialmente en el tema fiscal, tendrán que haber ajustes para poder financiar todo lo prometido en campaña y en el Pacto por México mismo. Algunos dicen que estos ajustes significan más impuestos, mientas otros aseguran que con una eliminación de exenciones es suficiente. Sea cual sea el camino, se tendrán que pisar algunos callos.

Luna de miel o no, por el momento parecen ocurrir cosas interesantes en México. Habrá que ver cuáles son las reacciones de los beneficiarios del status quo, ante la amenaza de ver afectados sus intereses. Ojalá, por el bien del país, que se concreten cambios que modernicen nuestra economía, fortalezcan nuestra democracia y brinden justicia social a los que más la necesitan. México está nuevamente ante la oportunidad de darle vuelta a la tortilla y hacer los ajustes que desde hace décadas están pendientes. Veamos si esta vez las cosas van en serio.

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