Los familiares incómodos

Lady ProfecoAl igual que muchos de ustedes, yo también me enojo e indigno cada vez que sale a la luz una noticia sobre casos de corrupción, abuso de poder, nepotismo, tráfico de influencias o enriquecimiento ilícito por parte de nuestros políticos y/o funcionarios públicos. Al final del día su sueldo es pagado con dinero público, lo cual presupondría que debieran responder a los intereses de los ciudadanos mexicanos, que son quienes pagan sus salarios (algunos de los cuales son bastante onerosos). Sin embargo, existen una serie de casos que me parecen aún más graves, insultantes y repugnantes. Estos son aquellos casos en los que los familiares de los políticos o funcionarios públicos se sienten empoderados o con la facultad de hacer uso de los privilegios y poder que vienen con los cargos públicos que tiene alguno de sus parientes. Al final del día no sólo debemos cuidarnos de las fechorías de nuestros políticos y funcionarios públicos, sino también de lacra de familia que éstos puedan tener.

Todo este tema viene a colación por el más reciente escándalo de la popularmente llamada “Lady Profeco”, quien le echo toda la carrocería de la Procuraduría Federal del Consumador -de la cual su papá es titular- a una restaurantera que cometió la osadía de no ofrecerle una mesa en el momento que ella quería. No sólo es deleznable la prepotencia con la que actuó la Lady Profeco sino también el hecho de creer que tenía derecho a recibir un trato preferencial sólo porque su papá tiene un cargo público de cierta importancia.

Desafortunadamente esta es una enfermedad que padecen muchos mexicanos, los cuales se contagian fácilmente de las pequeñas cantidades de poder que les rodean. Sin embargo, ¿de quién es la culpa? ¿De la Lady Profeco, quien al parecer perdió piso porque su papá es procurador federal del consumidor? ¿O es culpa del papá por no ubicar a su hija, ponerle un freno y enseñarle que las responsabilidades de un cargo público son servir a los intereses de los ciudadanos y no a los de algún particular?

En fin, este es sólo un caso minúsculo comparado a muchos otros más graves que pasan en México. Ahí tenemos al hermano incómodo de Carlos Salinas, cuya corrupción no tuvo límites y quien entre otras cosas supuestamente cobraba comisiones de 10 por ciento por otorgar contratos de obras y servicios. Otro caso más reciente es el supuesto tráfico de influencias de la esposa e hijastros de Vicente Fox.

Definitivamente el común denominador de estos casos es la concepción equívoca, tanto de los políticos o burócratas y sus familiares, sobre lo que la función pública significa. Ser un funcionario público conlleva una responsabilidad adicional de trabajar en todo momento por el bien común, por servir a los ciudadanos. En ninguna circunstancia debiera implicar gozar de beneficios y privilegios para uno mismo, y menos para los familiares del servidor público. El abuso de poder no sólo se ve mal en aquellos que han sido investidos con esa autoridad. Se ve mucho peor en aquellos que sin siquiera tener ese derecho, tratan de abusar de lo que ni les corresponde ni se les ha dado. ¿Ustedes qué piensan?

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