¿Cuarta transformación o puro AMLOpardismo?

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A pesar de la esperanza o negación de algunos, sucedió lo pronosticado. Un triunfo de López. Probablemente lo que no se esperaba era la contundencia con la que ganó. Lo que queda ahora, independientemente de la ideología y preferencias políticas, es desearle buena suerte al nuevo gobierno para que le vaya bien a México. Sin embargo, pasado el sentimiento generado por el resultado del 1o de julio, la pregunta es si realmente estamos en la antesala de un verdadero cambio y transformación como se prometió en campaña o si estamos ante otro episodio de cambios sin que nada cambie realmente, lo cual pudieramos llamar un AMLOpardismo.

Los comienzos en la vida, por lo general van acompañados de entusiasmo, motivación y buenas expectativas. En el gobierno esta es la famosa luna de miel, en la que el presidente entrante goza de gran capital político e índices de aprobación. Sin embargo, hay algunos elementos que hoy pudieran ser buenos indicadores de lo que probablemente esté por venir en México.

Primero, recordemos lo que nos dice la historia reciente. En 2000, México vivió el primer cambio de partido político en la presidencia después de muchas décadas de dominio unipartidista. La idea del cambio “YA” conectó con el sentimiento de la mayoría y logró la anhelada primera transición democrática en mucho tiempo. En 2008, Estados Unidos eligió a su primer presidente afroamericano, quien también hizo campaña alrededor del cambio.

Algunos podrán diferir sobre si López, Fox y Obama son muy distintos. Pero mi punto es que estos acontecimientos históricos nos muestran que ganar una elección bajo la bandera del cambio profundo, no necesariamente significa que habrá dicho cambio. Los cambios raramente se dan sólo porque las personas o partidos cambian. El cambio requiere transformaciones de los sistemas, costumbres y cultura que propician el mal gobierno.

Por otro lado, veamos lo que ha pasado desde el 1o de julio. López no tardó mucho en anunciar un plan de austeridad con medidas concretas para atacar la corrupción, abuso y mal dispendio de recursos públicos. Aunque el diablo está en los detalles, esto me parece una medida en la dirección correcta. El gasto superfluo, excesivo e innecesario debe eliminarse sin miramientos. Sin embargo, habrá que analizar cómo algunas de estas medidas pudieran traer consigo consencuencias no deseadas. Por ejemplo, reducir el salario de funcionarios públicos a niveles no competitivos, ahuyentará seguramente al talento y posiblemente genere mayores incentivos de corrupción. Una cosa es bajar los salarios y prestaciones estratosféricos e injustificables de altos funcionarios, así como reducir el número de personal que no aporta nada, como los aviadores y séquito de asesores, y otra es establecer un tope al salario de funcionarios que no esté en funciones del mercado. 

Otro elemento a analizar son las personas que llegan al gobierno con López. No sé si sea su firme pensamiento o simple retórica, pero no es suficiente que López sea el hombre “puro” quien con su simple presencia o deseo terminará con la corrupción y los grandes problemas de México. Aun cuando no es condición suficiente, sí resulta necesario que tu equipo de trabajo cercano y ampliado no sea igual de impresentable como los que van de salida y hartaron a los mexicanos. Desafortunadamente, otros impresentables se siguen colando a la fiesta. Ahí esta el señor de las ligas, el de la corrupción de la línea 12 del metro, el líder sindical exiliado que regresa como hijo pródigo, y muchos más. Su presencia manda una señal equívoca, que pudiera interpretarse sólo como un cambio de guardia y posiblemente no de prácticas.

Por último miremos al desempeño del mismo López como gobernante y persona pública. Como Jefe de Gobierno del DF tuvo sus aciertos y errores, pero siendo sinceros no realizó una verdadera transformación de la ciudad, como ahora pregona hacerlo en el país. Más preocupante que su desempeño es su opacidad sobre con qué recursos sobrevivió por 12 años. Un político auténtico es aquel quien sirve para el gobierno y el bien común, y no aquel que se sirve del gobierno y el presupuesto. Desafortunadamente, López no es la excepción a muchos otros que viven de la política y el dinero público. Podrá decir misa de que va a acabar con la corrupción por decreto. Sin embargo, en su trayectoria nunca ha dado señales de que es apto para o comprometido con ésto.

En fin, sinceramente espero que López y su gobierno tengan éxito. El país lo necesita. Sin embargo, mi visión objetiva, que probablemente suene pesimista, aunque yo la crea más realista, me dice que mas que una cuarta transformación viviremos el cambio sin que haya cambio, el cual como dije al principio, lo llamo y defino como AMLOpardismo.

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