La política de la felicidad

Hace unos días fue el Día Internacional de la Felicidad, y quisiera reflexionar sobre una idea que traigo en la mente desde hace tiempo: que los gobiernos debieran procurar la felicidad de sus ciudadanos como parte de sus políticas públicas. La política de la felicidad no significa que el gobierno tenga que hacernos felices, pero si darle a sus gobernados las oportunidades para construir y pelear por una vida llena de sentido y plenitud.

La política de la felicidad no es un concepto nuevo. Ahí tenemos la constitución de nuestro país vecino en la que Jefferson plasmó la idea de que todos los ciudadanos tienen el derecho inalienable a la vida, la libertad y la oportunidad de ser felices o el pursuit of happiness. Más reciente está el caso de Bután y su Felicidad Nacional Bruta, que busca establecer medidas de crecimiento o prosperidad nacional no limitadas a variables económicas y monetarias. Lo más cercano que tenemos en nuestro país es la “República Amorosa” de AMLOVE, que dice que el fin último de todo gobierno es lograr el amor y hacer el bien, porque en ello está la verdadera felicidad.

Estos ejemplos me inspiran y han llevado a reflexionar sobre si los gobiernos debieran tener y poner en práctica una política pública para la felicidad de sus ciudadanos.

Aun cuando coincidamos de que esto es algo deseable, primero tenemos que ponernos de acuerdo sobre a qué nos referimos por felicidad.

El problema inicial es que la felicidad se presta a interpretaciones muy subjetivas y relativas al contexto en donde vivimos y crecimos. Para unos la felicidad puede llegar al encontrar el amor, tener hijos o verdaderos amigos o simplemente de disfrutar de la familia. Para otros es tener mucho dinero, un buen trabajo o viajar y conocer el mundo. También hay quienes son felices en el corto plazo por cosas como una fiesta, un masaje, una buena comida, sexo o algún logro o buena noticia. La felicidad puede ser también una combinación de algunos de estos elementos y muchos otros más.

Sin embargo, si hubiera una política de la felicidad en México, ¿cuáles de estas posibles fuentes de la felicidad -u otras- debieran buscarse y promoverse desde el gobierno? O, ¿debiera realmente el gobierno preocuparse por la felicidad de sus ciudadanos?

En su libro “The Pursuit of Happiness: an Economy of Well-Being”, Carol Graham resume los tipos de felicidad en 2: la felicidad hedonista o del placer y satisfacción cotidiana, desde el punto de vista de Bentham; y la felicidad que emana de llevar o buscar una vida bienestar, propósito y significado, desde un punto de vista aristotélico.

Graham analiza lo que la literatura dice sobre cómo distintas variables como el nivel de ingreso, la religión, el contexto social, las capacidades -entendidas bajo el concepto de Amartya Sen- e incluso el carácter y genética de los individuos, influyen en el tipo de felicidad que buscan las personas.

A mi parecer, una política pública de la felicidad debiera enfocarse en su variante más duradera, que deriva de tener una vida llena de propósito y sentido.

Sobre si el gobierno debiera preocuparse por la felicidad de sus ciudadanos, me parece adecuado y necesario. Graham menciona que en promedio la gente feliz es más productiva y saludable.

Sin embargo, creo que el objetivo de la política pública de la felicidad no debiera ser asegurar la felicidad misma de las personas, sino generar las oportunidades y el entorno propicio que permita a los ciudadanos mismos buscar la felicidad. Similar al concepto de pursuit of happiness de Jefferson.

Esta idea es consistente con un estudio que menciona Graham en su libro, según el cual la gente prefiere tener la oportunidad de construir su propia felicidad duradera, que tomar una pastilla mágica o recibir una solución inmediata que los haga felices para siempre.

Enfocarse en las oportunidades para seguir el camino hacia la felicidad resultaría mas provechoso y adecuado a las funciones de gobierno, que enfocarse en brindar experiencias de felicidad misma.

Así como el crecimiento económico, el empleo, la salud, educación y seguridad son algunos de los objetivos de política pública que persiguen los gobiernos en el mundo, de igual modo la oportunidad de llevar una vida llena de sentido y propósito debiera ser, a mi pensar, parte de las metas de cualquier gobierno.

Pudiera sonar a choro, pero la política de la felicidad traería a la vida pública el factor humano y de trascendencia que está ausente de los planes de nuestros gobiernos, y que va más allá de la prosperidad medida por lo económico y material.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: