Conquistando el mercado de la nostalgia

Cuando se vive fuera de México, hay muchas cosas que se extrañan. Entre las principales están la familia, los amigos, las costumbres y, por supuesto, la comida. Sobre este último tema en particular, siempre hay una serie de “gustos” que añoramos y que derrepente quisieramos tener a la mano. Por ejemplo, entre otras cosas, mi esposa y yo siempre que vamos a México nos traemos botanas como los ruffles verdes o rancheritos, que únicamente pueden conseguirse en nuestro país. En mi repertorio de añoranzas también están la salsa valentina, los cacahuates enchilados y los chicharones Barcel.

Aprovechando la existencia de este “mercado de la nostalgia”, un emprendedor mexicano en Washington, D.C. se dió a la tarea de comercializar productos de origen mexicano y latinoamericano, primero en el área local de la capital estadounidense y después en el resto de Estados Unidos y el mundo.

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